domingo, 20 de mayo de 2018

LA FUENTE CADES Y LA BOLERA DE EL ARRUDO



Se conoce como la Fuente Cades a una surgencia proveniente de la mina Lacuerre de Rábago, que emerge detrás de la tienda de Vicente, en El Arrudo, hacia el río Nansa, con un buen caudal durante todo el año.

Surgencia de la Fuente Cades
Esta surgencia es famosa desde que las mujeres de Cades, la eligieron como lavadero de ropa hasta bien avanzado el siglo XX. En el  regato que se formaba a partir de la surgencia, las mujeres se apostaban en los laterales y hacían pozas a fin de facilitar la actividad. Tenían la ventaja de que el agua en invierno estaba más caliente que la exterior. De ahí que fuese muy apreciada y la bautizasen como Fuente Cades.  

Regato donde lavaban las mujeres de Cades
Un poco más arriba de la surgencia, ahora que han desbrozado la zona, se observa el muro de la antigua bolera y la cueva natural donde se guardaban los bolos. La bolera era contigua al almacén de piensos de la cooperativa de Herrerías.

Esta información nos la ha facilitado Angelita Sordo, hija de Cosme, buena conocedora de la zona, ya que nació y vivió durante décadas en El Arrudo.

Esta bolera encierra buenas historias. Debido al ajetreo del Arrudo, durante bastantes años, muchos jóvenes se concentraban y desplazaban a jugar y a conocer muchachas que hacían lo propio en los salones de baile de Cosme o de Vicente. Fueron muchos los matrimonios que se formalizaron en El Arrudo. El poder de atracción de este lugar excedía los limites del municipio de Herrerías. Algunos de ellos hemos tenido oportunidad de conocerlos.

Enfrente muro de la bolera. A la derecha la cueva donde se guardaban los bolos
La bolera, ya en desuso, de destruyó cuando ensancharon y arreglaron la carretera en el tramo Puente Arrudo- Puentenansa. 

domingo, 13 de mayo de 2018

LA MEMORIA EN LAS COMPOSICIONES ESCULTÓRICAS DE ISIDORO SÁNCHEZ


La memoria es un recuerdo, en este caso individual, de las actividades económicas y agrarias vividas por un ciudadano y volcadas hacia el presente, bien mediante relatos, testimonios orales, dibujos o, como en este caso, en composiciones escultóricas que nos devuelven el conocimiento de cómo éramos hace más de cincuenta años.

Isidoro Sánchez en un ciudadano de Cades, donde nació y donde ha vivido una buena parte de su vida. Inició su actividad talladora a los 21 años, mientras hacía el servicio militar en el cuartel de Garellano, en Bilbao. Empezó haciendo cebillas en miniatura –collar de madera, preferentemente de fresno, provisto de una palanca giratoria o llave para su apertura y cierre de la misma, utilizada para amarrar el ganado en las cuadras- para sumergirse, con el paso del tiempo, en tallas mucho más complejas.

Isidoro en la tarea

Hasta que se incorporó al servicio militar ayudó en casa a su familia en las tareas agrícolas y ganaderas arraigadas en el valle del Nansa, propias de la mitad del siglo XX. Sabiendo que tiene 70 años, nos aventuramos a juzgar que Isidoro dispone de una memoria prodigiosa, pues lo que plasma en sus trabajos, únicamente lo ha conocido en esos años, antes de incorporarse al servicio militar en el año1969.

Isidoro es un hombre austero, poco dado a las alharacas, donde a lo largo de su vida y cuando ha podido ha cultivado ese hobby, consistente en esculpir en madera composiciones de la vida rural, que él conoció, hace más de medio siglo. Su jubilación anticipada le facilita su actividad.

El legado que nos está dejando es un conjunto de composiciones escultóricas lo suficiente explicitas para identificar en ellas útiles, herramientas, medios de transporte, formas de trabajo, actividades agrarias, arquitecturas, vestimentas y formas de vida, ya superadas y que son desconocidas por las poblaciones urbanas de las ciudades e incluso entre los más jóvenes del medio rural.

Recientemente preparando una exposición sobre el antiguo puente de madera de El Arrudo, inaugurado a finales del siglo XIX, tuve que echar mano de las composiciones de Isidoro, para saber cómo se sacaban los troncos del monte mediante esos originales carros llamados rabonas o,  cómo era un taller de serrado y las diferentes herramientas de un serrón, donde se elaboraban las piezas que le dieron forma.


Taller de serrado de Isidoro

Observemos atentamente este taller de serrado. Vemos sus formas, nos imaginamos sus dimensiones, el acceso a la parte alta, la colocación de la viga a serrar, la colocación de los serrones y todas sus herramientas: sierra de burro utilizándola, el tronzador, el hacho -hacha de dos bocas- y el hacha normal. Todas ellas están presentes.

Además observamos que ambos serrones calzan albarcas, aunque el de arriba las ha dejado a pie de escalera, y boina, atuendos característicos de la época. Disponen de un jamón y chorizos, sin duda productos de la matanza casera que, junto a la bota de vino, forman la trilogía para recuperar  fuerzas en un oficio muy duro,  propio de hombres bien formados. El viejo refrán decía:
"A la sierra tocino
y al serrón mucho vino"

Cierra la composición la presencia de un paraguas para guarecerse de algún chaparrón. El nombre de Morán alude al nombre de un serrón de Cades que tenía el taller como el de la maqueta, en mitad de la plaza del pueblo.

Hay que recordar que hasta la década de los años 60 del siglo pasado, todas vigas, cabrios y tablazones para construir las viviendas rurales, al igual que decenas de miles de traviesas para el ferrocarril, fueron serradas en talleres como el de la  composición. 

Rabona arrastrando troncos de Isidoro
La siguiente composición nos muestra el carro característico para estos menesteres llamado rabona. Es un carro chillón sin caja, que sirve para sacar los troncos del monte, tirado  por una pareja de vacas tudancas, uncidas mediante un yugo del tipo vizcaíno. Los troncos son enganchados  al carro mediante cadenas y cuñas metálicas. Son arrastrados, mientras el arrastrador, en albarcas, se coloca en la parte superior sobre un tablón para guardar  el equilibrio, disponiendo en sus manos la maza con la que ha introducido las cuñas en los troncos. No falta el hacha como herramienta complementaria, el jamón, la bota de vino y dos cebillas, para  desuncir las vacas de tiro, cuando sea necesario.  

Ambos oficios muy arraigados en el valle del Nansa, están actualmente desaparecidos.

Dejando aparte la belleza estética de las composiciones, para esto es para lo que sirven las composiciones escultóricas del maestro Isidoro. Para conocer nuestro pasado e interpretar cómo vivían nuestros ancestros. Las gentes de bien y con sensibilidad, le debemos mucho.

miércoles, 9 de mayo de 2018

LAS RUINAS DE EL ARRUDO


Tras la decadencia de El Arrudo, vista en la entrada anterior, lo que procedía era a  reconvertir los inmuebles existentes o dejarles arruinarse. De ambas situaciones hay ejemplos.

La casa molino El Milagro, que se acedia por la carretera a Pesués, todavía conserva las cuatro paredes y los muros de algunos huecos de la vivienda. Sin embargo, las marraneras que las tenía a pie de carretera, desaparecieron.

Restos del molino El Milagro, visto desde la orilla de enfrente
Una vez eliminado el viejo caserón añadido que ejercía de salón de baile en la  casa de Cosme, se ha reconvertido en el actual hotel Casona del Nansa. Enfrente,  al otro lado de la carretera, tenía un pozo de agua, destruido junto a bolera, cuando se arregló el tramo de carretera Puente Arrudo-Puente Nansa. Esta se encontraba justamente en la desembocadura del puente y al lado del almacén de piensos. También eliminaron unos grandes plátanos -platanus orientalis- que bordeaban la misma, en el costado derecho dirección Rábago. 

El local del matadero-carnicería sigue en pie, pero con aspecto ruinoso. Se accedía por un camino que había un poco más adelante de la casa de Cosme.

Situación actual del viejo matadero-carnicería
La nave del almacén de piensos, ubicada entre la bolera y la subida al viejo ayuntamiento, acabó arruinada como la oficina de correos, que se situaba al costado izquierdo de la casona de Vicente.

Restos del almacén de piensos. A su izquierda se encontraba la bolera

A la izquierda de la Casona de Vicente, inmueble de la oficina de correos

Esta ultima se conserva en pie a la espera de alguna intervención. En la vieja sede del primitivo ayuntamiento, llevan unos meses trabajando después de 21 años cerrado, para reconvertirlo en un albergue de peregrinos.

El viejo ayuntamiento esperando reconvertirlo en albergue de peregrinos
Como se observa, la margen derecha del puente, la que más actividad tenía, está prácticamente muerta. El bullicio que había en El Arrudo a mitad de siglo pasado es irrecuperable, tal como le conocimos. Las nuevas formas de vida que disfrutamos, hacen que aquellos viejos tiempos estén superados.

domingo, 6 de mayo de 2018

AUGE Y DECADENCIA DE EL ARRUDO II


A todos los matrimonios
que se iniciaron en El Arrudo


A la actividad anterior, habría que sumar la comercial, añadiendo a las tres tiendas, la carnicería en la parte derecha de la tienda de Cosme y el matadero-carnicería de enfrente. Las renoveras se acercaban en las líneas hasta el Arrudo para la compra–venta de productos y para entregar encargos que los vecinos las hacían. También en el Arrudo se repartió el racionamiento que duró hasta 1952.
Grupo de mujeres esperando en El Arrudo.
Los vendedores de pescado también se acercaban a comercializar sus productos. Los vecinos disponían de los servicios de zapatero remendón, taller de reparación de bicicletas y costurera, ambos en la actual casa de Jesús Fernández y el servicio de molturación en el molino El Milagro, el cual se encontraba junto al río Nansa y en contra de lo que pudiera parecer, éste no usaba su agua sino la de un arroyo, El Berrellín, la cual llegaba a través de una surgencia.
Detrás del matadero existió una tejera temporal donde los tamargos de la zona de Llanes se desplazaban a fabricar tejas y ladrillos. Trabajaban desde marzo hasta septiembre y manejaban una jerga para entenderse entre ellos, denominada xíriga. Disponían de tejavana y horno para cocer los productos elaborados. Durante su estancia en el Arrudo se quedaban a dormir en la casa molino del Milagro y en Bielva.


Se puede afirmar que las Casonas de Cosme y de Vicente, son los antecedentes de los modernos centros comerciales, donde se podían adquirir productos y servicios heterogéneos. En esta ultima, durante algún tiempo, Saltos del Nansa  tuvo una oficina. 
Por si esto no fuera suficiente los niños de Cades, en una cifra superior a los 30, se bañaban debajo del puente y, detrás de la tienda de Vicente, había una surgencia conocida como la Fuente de Cades, donde las mujeres de este pueblo lavaban la ropa. 
Toda esta actividad convirtió al Arrudo en un centro neurálgico de gran importancia económica, que superaba con creces la del municipio. Este periodo duró casi medio siglo.
La decadencia se inicia a partir de la década de los 70, propiciada por un conjunto de factores entre los que caben destacar la generalización de la automoción, los procesos migratorios rurales y la decadencia del sector agrario a partir esa década. La puntilla la dio en cierre del viejo ayuntamiento y posterior traslado al nuevo, acaecido en 1997. 

Estos procesos económicos son normales; todos los emporios económicos tras un periodo de auge, le continua otro de decadencia, que coincide con el actual de El Arrudo.
En esta historia existe una enseñanza muy clara: como el simple trazado de un puente –el inicial de madera-  desencadena una serie de inversiones, que convierten un lugar yermo, en un centro de gran importancia socio–económica, a mitad del siglo XX.

Resumen de las actividades que se desarrollaban en El Arrudo


jueves, 3 de mayo de 2018

AUGE Y DECADENCIA DE EL ARRUDO I


A todos los matrimonios
que se iniciaron en El Arrudo

Al año siguiente de la inauguración del puente de madera, visto en la entrada anterior, se organiza una recogida de firmas entre los vecinos de Casamaría y de Cabanzón, a fin de trasladar la capitalidad de Pieño al Arrudo. Se justificaba de la siguiente manera: que a la mayoría del vecindario, que compone este ayuntamiento conviene el traslado de la capitalidad del mismo establecida en Pieño, al sitio de El Arrudo, por ser punto más céntrico y de más fácil comunicación con los pueblos que forman este término municipal, pues con la desaparición de la barca de Pieño y la construcción del puente de El Arrudo, se acorta la distancia entre este pueblo  y el último punto citado como en dos kilómetros, además de sernos mucho más fácil la comunicación con el repetido sitio del Arrudo por reunir los caminos vecinales que al mismo conducen mayor seguridad y estar mejor conservados…

No tuvieron éxito, pero durante el trienio liberal -1920-1923-  y tras 35 años de vida del puente de madera, es sustituido por el de mampostería en 1921, situado unos 60 metros más al norte y, al año siguiente, se inauguraba la nueva sede del viejo ayuntamiento.

Fecha de inauguración del puente de mampostería , marcada en el pretil

En ese tiempo los ayuntamientos aparte de las competencias clásicas ya conocidas, albergaban los servicios médicos, de castración de animales, los de calabozo y juzgado de paz. Por tal motivo, El Arrudo pasa a convertirse en un centro administrativo.

Además, a partir de 1905, para viajar a Santander el único mecanismo era la conexión ferroviaria desde Pesués. Para ello se habilitó una línea de autobús, conocida como la del “alemán” que recorría el valle llevando viajeros a la estación. También desde Lamasón había una línea -la "rubia" de Pascual-  que en una furgoneta de nueve plazas, acercaba a los vecinos de ese municipio y de algunos pueblos de Peñarrubia, que les resultaba más cómodo este trazado, que hacerlo por el desfiladero de la Hermida, para llegar a Unquera.
Linea del "alemán" que recorría el valle
La primera línea, paraba en el Arrudo mientras que, para la segunda, ejercía de cabecera.  También existía un centro de recogida y de distribución del correo y la cabina del teléfono público. En consecuencia, el lugar se convirtió en un centro de comunicaciones.
Fue también un centro de ocio donde los muchachos y muchachas del entorno bajaban a divertirse. Aparte de las tres tiendas: la de Cosme, la de Vicente y la tercera, en los bajos de La Sofía, existía una bolera y dos salones de baile donde también se celebraban bodas.  Estas últimas también ofrecían hospedaje. En esos años, la atracción del Arrudo era muy importante. Vecinos de municipios limítrofes elegían este sitio como lugar de esparcimiento y diversión. Fueron muchos los matrimonios que debieron formalizarse desde el Arrudo.

Gente en El Arrudo. Al fondo la Casa de Cosme . El caserón blanco era el salón de baile
También el Arrudo fue un centro ganadero donde todos los meses se hacía una feria ganadera, posteriormente trasladada a Bielva,  para facilitar las transacciones a los residentes del municipio. Así mismo se ubicaba el almacén de piensos de la cooperativa de Herrerías que estaba junto a la bolera y el lugar disponía de potro de herrar, situado detrás de la tienda de Cosme. En este ultimo, aparte de herrar a los ganados, servía para facilitar las inseminaciones artificiales.


Continuará

lunes, 30 de abril de 2018

EL PUENTE DE MADERA DE EL ARRUDO


La construcción del primitivo puente de madera en el lugar de “El Arrudo”, es una bonita historia, que merece la pena ser escrita.  La idea surge de un grupo de notables del municipio de Herrerías -corporación municipal, curas párrocos, juez municipal, pudientes de la zona…- que editan una circular, en 1885, solicitando donaciones a los vecinos para su construcción. Querían eliminar un paso de barca en el mismo lugar que funcionaba muy deficientemente, tal como vimos en la entrada anterior.

La circular la distribuyen entre los vecinos presentes y los ausentes. Estos últimos estaban en algunas poblaciones de Cádiz y en Sevilla, para lo cual se organizan comisiones de residentes para la distribución de la circular y recogida de fondos. Lo mismo se hace con los que están “haciendo las Américas”; había más de cuarenta vecinos repartidos entre Cuba, México y Uruguay.
Puente de madera de El Arrudo
La madera, toda de roble, la donaron los pueblos de Rábago y Cades, de sus montes públicos. La madera de Cades se cortó en el monte El Cagigal.

La iniciativa tuvo mucho éxito; donaron las casas pudientes y las humildes del municipio –hubo donaciones de 2 y 5 pesetas- y los ausentes, fueran del sur del país o de América, respondieron con las suyas. Pareciera que nadie quisiera quedarse fuera de esta iniciativa solidaria. Tuvieron un aliado indispensable como fue el diario El Cántabro que, en 1886, editó 8 reseñas periodísticas sobre la marcha del puente. Fue la noticia más publicitada en ese año. Hubo también donaciones de algunas corporaciones municipales limítrofes y otras no tanto, como las de Ruiloba, Cabezón de la Sal, Udías o Comillas.

Comisión de recaudadores de Cádiz y su  provincia y de Sevilla 
La madera aparte de tumbarla en el monte había que desmocharla, sacarla,  serrarla y montarla. Hubo que elaborar cientos de piezas entre postes, zapatas, yugos, soleras, pies derechos, tajamares, postecillos pasamanos y vigas de diferentes tamaños. El puente se construyó unos 60 metros más al sur del actual de mampostería y midió 66,47 metros de largo y una altura de 3,83 metros.

En su ejecución fueron fundamentales dos oficios ya desaparecidos y que conocemos a través de las composiciones escultóricas de Isidoro Sánchez, de Cades, como fueron los del arrastrador de troncos, mediante los originales carros llamados rabonas y el oficio del serrón, este último muy penoso que, junto al anterior, estaban muy asentados en el valle del Nansa.

Se inauguró el 14 de noviembre de 1886. Se organizó una comida a pie de puente para las autoridades y donantes y para el resto, más de mil personas la crónica decía los siguiente: Para la muchedumbre restante de los que a la fiesta asistieron y que, como dejo dicho, serían unas mil personas, hubo abundancia de queso, pan, vino y un carral o cuba de sangría.

Después hubo un gran baile, en la que a la entrada del puente danzó la gente joven hasta el anochecer, y sin haber tenido que lamentar ni el más pequeño disgusto, cada cual se retiró a su pueblo.

Aprobación municipal de los costes del puente.
La construcción del puente tuvo unas repercusiones socioeconómicas muy importantes para la zona. El Arrudo, que era un lugar yermo, se convirtió, por casi medio siglo, en un emporio de actividad económica, que sobrepasaba con mucho la del propio municipio. Lo iremos viendo más adelante.
La fotografía del puente es de 1919. En esa fecha el puente ya tenía 33 años de vida. Le quedaban dos más. En 1921 se inauguró el de mampostería, situado más al norte y es que utilizamos actualmente, aunque con algunas transformaciones. 

jueves, 26 de abril de 2018

LOS PASOS DE BARCA EN HERRERÍAS


El municipio de Herrerías está cruzado por el río Nansa, dividiendo por la mitad las entidades clásicas de población. Mientras en la margen derecha se encuentran los pueblos de Bielva, Rábago y Camijanes, en la izquierda lo hacen los de Cades, Cabanzón y Casamaría.
Esta peculiar situación de tener la mitad de una población, separada del resto, por un río, hacía muy necesario la construcción de puentes que facilitase el tránsito y, por tanto, la comunicación entre vecinos. En el siglo XIX únicamente existía en todo el municipio un puente sobre el río Nansa, el llamado Tortorio, en Camijanes, construido en 1761.
Puente del Tortorio en Camijanes
Para no tener que ir a cruzar el río exclusivamente por ese puente existían, a diferentes alturas de este, pasos de barcas. Había una en Pieño, dónde se encontraba la sede del primer Ayuntamiento de Herrerías, antes de trasladarse al del Arrudo, actualmente cerrado. Se conoce este paso porque en los presupuestos municipales de la última parte del siglo XIX, existía una partida, para pagar al barquero por cruzar el río a los miembros de la corporación municipal, sobre todo al alguacil que tenía que llevar mensajes y convocatorias por los pueblos. En 1884 se presupuestaron 20 pesetas para el paso de barca en Pieño.

Presupuesto 1884. Recuadrada la partida del paso de barca de Pieño
El siguiente paso de barca conocido era el del lugar del Arrudo. Este paso servía para cruzar los de la margen izquierda y los masoniegos que querían ir a Santander. 
Este se conoce porque en 1885, las fuerzas vivas de Herrerías y de Rionansa se reúnen para editar una circular, solicitando ayuda económica a los vecinos para construir un puente de madera sobre el río, justificándolo de la siguiente:

Persuadidos los firmantes de la absoluta necesidad de establecer un paso seguro por medio de un puente en el río Nansa y sitio del “Arrudo” en este Ayuntamiento de Herrerías, porque las barcas que hoy le prestan servicio, no satisfacen el que fuera de desear; pues además de no ofrecer verdadera seguridad, tiene incomunicados estos pueblos por dilatados días, han concebido el pensamiento…,
En una reciente reunión, el alcalde Francisco Linares, me facilitó la existencia de un tercer paso en Rábago, para cruzar los de Cades. Aquel pueblo disponía de molino y tahona asociada, a pie de río, de Venancio Díaz, y era muy visitado.